sábado, 29 de octubre de 2011

Sobre la educación y las leyes, Crítica e Imperativo Categórico

1ª Parte

El ser crítico no ha de, en ningún modo, obviarse u olvidarse dentro de aquello que es un Estado democrático dado que el ser crítico es en sí un deber ciudadano que debería en todo caso alentarse y acentuarse.

Para la conformación de un Estado de derecho justo y coherente, así como sostenible y sustentable de manera humana y cívica, que el ciudadano sea culto y crítico es primordial dado que esa cultura y esa visión crítica mantendrá en trabajo y en continuo movimiento el aparato político y social de tal modo que el estado no dejará en ningún modo de avanzar, de tal manera que la calidad y la vida en sí aumentarán en tanto que humanidad y sociedad.

Sin embargo hoy en día nos encontramos en la tesitura inmediatamente contraria; conforme el valor del dinero y asimismo de la crematística ha ido tomando peso en nuestra sociedad, todos esos valores humanos tan necesarios e indispensables para el país han ido perdiendo toda consideración conforme a que no resultaban ‘’rentables’’ para el mercado.

Hoy en día los gobiernos ( y me refiero tanto al central como a los autonómicos, comunitario, etc.) ven con buenos ojos que eso que no es más que dinero se imponga en detrimento a aquello que es aún más necesario para el Estado en sí: La formación de los ciudadanos.

Si bien es cierto que la economía*1 es necesaria para la manutención del Estado de Bienestar, no es así, que la crematística*2 sea de este modo indispensable o incluso beneficiosa para el Estado en sí. Al contrario, la crematística mata los valores humanos por medio de la ambición, crea monstruos particulares y públicos y tan sólo enfoca al ser humano a existir en cuanto que instrumento.

Para probar esto que digo tan sólo tenemos que ver la televisión o pasear por una calle donde nos bombardean intentando vendernos más y más, o si queremos una prueba más evidente aún mirar la educación en sí, donde en vez de educarnos en los valores críticos y culturales citados al principio del texto, camuflados en contenidos ridículos muchas veces, nos educan para, hablando en plata, apretar tuercas en una cadena de montaje.

No obstante al menos, y aunque tienda a un fin claro, sin quererlo nos dan las armas para desarrollar un pensamiento propio si es que queremos desarrollar las herramientas necesarias para ser ciudadanos. Sin embargo ahora además quieren quitarnos eso en nombre del mercado. No señalo tan sólo a Esperanza Aguirre ni a Rodríguez Zapatero, sino a todo el aparato político del país que permiten que en nombre del dinero, de las empresas, bancos y valores ‘’bursátiles’’, que la educación desaparezca, que se vuelva privada y que deje de ser ese valor esencial, necesario y claramente único que mantiene en pie el humanismo dentro del Estado.

Poco a poco el monstruo del querer más y más nos va ganando la partida. Me gustará ver como, cuando dentro de unos años tengamos profesionales pero no ciudadanos, y ser ciudadano simplemente indique una pequeña nota a pie de página que resuma tu nacionalidad y te de pie a meter un papel en una caja cada cierto tiempo, eso que llamamos Estado, eso que llamamos democracia no se diferenciará en nada, o en muy poco de aquello que tuvimos que aguantar durante cuarenta años.

El triunfo del fascismo no fue por tanto en ningún modo las dictaduras que se sucedieron durante el s. XX sino que más bien las democracias del s. XXI vendidas y prostituidas en el Mercado de los valores bursátiles.

*1 Economía: Administración de los bienes

*2 Crematística: Adquisición de bienes

Nota 1: He querido hacer la distinción entre la economía y la crematística en tanto que veo a la economía como una ciencia necesaria dado que la administración de los bienes conlleva el mejor funcionamiento del Estado en sí y de sus posibilidades. Mientras que la Crematística, comprendiéndola de forma aristotélica tan sólo lleva a una desmedida ambición que acaba por arruinar los valores humanos del estado en tanto que tan sólo se pretende, como diría Marx, una ‘’Auris sacra fames’’ o maldita sed de oro.

2ª Parte

Hablemos ahora de leyes del estado que sin duda cumplen un papel fundamental en este a la hora de levantar un poder fáctico que mesura y controla sin más la iniquidad del hombre contra el hombre, del ciudadano contra el ciudadano. Que pena que esto no sea así.

Si bien las leyes deben existir en tanto que emanan de la razón y la libertad en sí, ahora mismo, sólo son unas palabras recopiladas en un papel donde en realidad cuenta más lo no reflejado a lo puramente escrito en el código penal. Es frente a lo no reflejado ante lo que actúa el ser humano en pos de su beneficio puro; es de este modo por lo que las empresas (entes jurídicos) aprovechan cualquier resquicio en pos de su inalterable derecho a lucrarse que acaba por ser el indispensable derecho a hacer de su capa un sayo y que acaba por tanto por destruir en sí los cimientos de un Estado de derecho y de sus ciudadanos en pos del ‘libre comercio’ que termina por convertirse en una especie de libertinaje moral perdiendo toda forma de beneficio cívico en pos del beneficio pecuniario.

Es triste que el marco de las leyes que fuera constituido para preservar unos derechos en tanto a todos iguales sólo sirva para agravar en sí las diferencias entre unos y otros que preexisten como citaba Marx en la teoría del ‘Materialismo histórico’*1 que hoy se resume en la diferencia entre valores bursátiles y valores humanos donde los primeros ocupan hoy por hoy el papel del propietario citado por el autor alemán y los segundos los de la clase oprimida, que poco a poco, en vez de avanzar hacia un gobierno del proletariado avanza en vez de en esa dirección hacia la desaparición en tato que la ambición crematística va haciéndose cada vez más grande y evidente.

Sin embargo existe en sí una esperanza para solventar la situación actual, si bien no es más que una pequeña tirita para taponar una enorme brecha. Esa pequeña solución se basa en no basar nuestro sistema jurídico en unas leyes escritas en un papel que pueda presentar vacíos aprovechables, ni en escribir cuantas más leyes mejor ( quien mucho dice mucho yerra dice el dicho) sino más bien en basar nuestra justicia en eso que se llama la ‘forma de ley’ y que podemos resumir en el imperativo categórico de Inmanuel Kant que viene a decir ‘ Obra de tal manera que quieras que la máxima de tu acción se convierta en ley universal’ o lo que es lo mismo obra de forma coherente con lo que verdaderamente quieras que ocurra en el mundo.

Ilustrémoslo de la siguiente manea, pues, si bien es ominoso y complejo el término en sí, se puede aplicar con facilidad si lo vemos de este modo:

Imaginemos que somos unos asesinos, cada cual con su ánimo de asesinar, sin embargo obramos de tal manera (amén de otros menesteres psicológicos porque queremos ser una excepción en nosotros mismos, es decir, que queremos matar pero no queremos ser muertos. Por tanto un mundo donde cada quien pudiera matar sin más a otros nos quitaría esa excepcionalidad y por tanto ese mundo no gustaría en sí al asesino. Lo mismo pasa con el ladrón, o como lo ilustra el propio Kant, con la mentira, si un poderoso nos instase a mentir ante algo proponiéndonos una recompensa estaríamos vendiendo nuestra dignidad si aceptamos pero además estaríamos aceptando un mundo donde no querríamos vivir, un mundo de mentiras sólo produce que nadie confíe en nadie y por tanto sería un mundo que no merecería la pena ser vivido.

Así pues pasa con las leyes, legislamos leyes que hacen del mundo un lugar que no merece la pena ser vivido dado que muchas de ellas van contra ese principio categórico del deber o revisten de deber cosas absurdas y no universales, estas luego se camuflan muy bien en la retórica del derecho y lo más peligroso de ello es que de este modo, los vacíos que dejan, pueden ser aprovechados mejor por aquellos que únicamente buscan un beneficio en el propio derecho y justicia en sí.

Aplicando pues esa forma de ley antes que muchas leyes absurdas se resolverían los conflictos de mucha mejor manera y con muchos menos vacíos aprovechables para aquellos que hoy en día buscan abusar de la ley y en sí lo consiguen por medio del dinero, del poder o de un abogado cuya vocación sea en sí no tener ningún tipo de valor moral, o peor aún, tener una doble moral.

Llegados a este punto sólo me resta decir que de ninguna manera práctica tenemos esto. La forma de ley es más rentable en forma de leyes recogidas en un papel, la crítica es mejor (no sé estrictamente para quien) que desaparezca, la educación es más económica hacerla uniformada, la sanidad más práctica como privada y la política amucho más lucrativa cuanto más sujeta a los mercados.

Esto es, citando las Escrituras, que se nos han metido los mercaderes en el templo. Se nos han metido en el estado, en el civismo, en la ley y en el sentido del ciudadano y se han metido de tal manera que todo valor universal es relativo y que toda necesidad humana puede borrarse de un plumazo con una buena campaña publicitaria.

En el 2015 las empresas se meterán en la universidad, en Cataluña los hospitales serán partidos para repartirlos entre unas cuantas empresas, en Madrid las escuelas públicas están despidiendo interinos por falta de financiación (por orden del gobierno de la Comunidad de Madrid) Y no es desconocido que las campañas políticas son financiadas por empresas privadas.

No hay mejor muestra de cuál es el problema que esta. Hemos consentido y casi invitado a dejar que el mercado se meta en aquello que como ciudadanos deberíamos considerar casi sagrado. Hemos metido a los mercaderes en el templo y ahora no quieren irse y lo que es peor, sus crisis ahora también son las nuestras.

No creo ser poseedor de toda la verdad y mucho menos haber acertado en todo o en algo de lo dicho, pero en mi entendimiento esto es aquello por lo que tenemos esta situación y esas son las formas de paliarla.

Invito a quien quiera rebatirme y compartir su opinión y más allá a reflexionar sobre lo dicho y a mejorar lo que lo haga sin más. Reitero que para mi entendimiento son estas las causas y soluciones de nuestro estado, sin embargo no puedo obviar que siendo humano puedo haber errado en algo o en todo y por tanto la participación de quién sea que lea estas líneas supondrá una nueva forma de abordar la temática de este texto.

*1 Sobre el materialismo histórico: La referencia que hago en este caso no tiene nada que ver o muy poco en sí con la teoría marxista, sin embargo lo utilizo como analogía metafórica e irónica para mostrar como unos valores meramente pecuniarios están haciendo desaparecer y oprimiendo a unos valores humanos que son necesarios para la sociedad en sí.

lunes, 24 de octubre de 2011

Esclavos de la clepsidra

Allen del siglo V a.C. los hombres de Atenas eran lanzados a las fauces de un animal mitológico y despótico que les devoraba conforme pasaba el tiempo, eran así, desmembrados parte a parte, comidos y digeridos en un lento estofado que iba, muy lentamente, cociéndose al ritmo de unas gotas que salpicaban el agua de un cuenco. Ese sonido debía ser brutal, pues, a parte de las palabras del orador en sí, el único ruido que escuchaba aquél que pretendía persuadir a los ciudadanos era el sonido del discurrir de las gotas hacia el inexorable fin del tiempo marcado por este monstruo de leyenda del que hoy todos somos esclavos. La clepsidra.

Las clepsidras no se presentan siempre en forma de relojes, aunque hay que decir que muchas veces sí ¿Quién no ha visto volar a la gente tirada por un empujón de muñeca? Sin embargo estas voraces bestias se presentan en todos los tipos y formas imaginables, incluso allí donde no esperas encontrar una la encuentras, agazapada entre las ideas, rondando la cabeza desprevenida o simplemente, cumpliendo su función más cotidiana. La clepsidra acecha y no desperdicia oportunidad de saltar sobre su víctima y arrancarle parte a parte todo aquello que es suyo.

Y es así, es así siempre, pues hay quien tiene su clepsidra encerrada en el armario y por donde difumina toda su realidad en la ropa que se pone. Hay otros que, sin embargo, llevan su clepsidra en el bolsillo, camuflada de simple teléfono. Los hay aún peores, locos, cuya clepsidra se oculta tras el vidrio del espejo. Hay clepsidras en el amor, en el odio, en el orgullo y la ira, en el sexo y en la fe, clepsidras aquí y allá, en todo lo que es obsesión, en todo lo que es realidad.

Hay una ahora debajo de la cama con forma de zapatos y otra tendida en el estante, reposando, como un libro que te mira inocente y te dice: léeme. Las hay variopintas, como la clepsidra del coche o la clepsidra de los perfumes. Las hay muy serias, como clepsidras de traje, aquellos fetiches rupestres que son simples trapos, o muy alegres, quizás demasiado, como la droga, el alcohol, el vicio y el tabaco.

Clepsidra es todo, es todo lo ominoso y lo frugal, todo aquello que llena nuestro hoy y nubla nuestro mañana. Aquello que empaña la razón es clepsidra, así, los partidos políticos, hoy como entonces siguen siendo esclavos de esa clepsidra del ágora que les hace arrodillarse donde otros no les hacen nada.

No obstante hay un sitio donde escapar de tanto reloj de agua, allí donde no alcanzan sus tentáculos de líquido elemento y el sonido de sus gotas queda simplemente lejos, como un leve murmullo que recuerda que aún, fuera de ese lugar, nos esperan sin duda. Ese lugar del que hablo, allí donde dos y dos son cuatro y no pueden no serlo, allí donde no hay atenienses, persas, gallegos, andaluces o extremeños. Allí donde se habla en un sentido y los demás te comprenden, el sitio de las cosas absolutas y reales, en ese lugar no caben las clepsidras. Y si hay alguien que la ha metido allí, ha de haber sido a la fuerza, en forma de dios, con altar incorporado, o de idea política o disfrazada quizás de amor desesperado.

Ese lugar del que hablo, quizás no os interese a muchos, es un lugar vacío y terriblemente lleno al mismo tiempo. Se llama de muchas formas, pero yo lo nombraré solo de dos pues he de llamarlo Libertad y he de llamarlo Razón.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Reflexiones

Asistimos perplejos a un negro escenario que se ha tenido a bien llamar crisis. Crisis. Es ésa una palabra que llena hoy en día la boca de muchos, sobre todo la de los políticos, quienes en ataques o defensas –Entiéndanse retóricas- se acomodan a acogerse al amparo de este término sin dar más explicación o sin pensar siquiera en las consecuencias de qué es aquello que evocan con tanta soltura.

Crisis, es obvio, que cuando se invoca esa palabra, ese término, se quieren referir a la res económica como si tal palabra hubiera sido acuñada especialmente para tal asunto. Para mí, personalmente, el que los políticos y demás expertos enarbolen tan libremente la palabra crisis sin referirse nada más que a la economía me parece aberrante y desmedido, si bien, innegablemente nos encontramos ante una profunda depresión económica marcada por uno de esos últimamente tan famosos ciclos económicos que tanto nos nombran y tan poco conocemos. La crisis no es en sí simplemente medible en la función - o disfunción- del mercado si no que ésa palabra por sí sola contiene un bagaje mucho mayor del que se nos indica en la prensa o en los discursos políticos (invadidos ambos por las referencias a la economía) Pienso pues que en vez de estar en crisis la economía va mucho más allá de ella. La crisis está en la humanidad. La crisis es una crisis humana.

Vivimos en un mundo en el cual se prefiere el dinero a aquello que debería ser lo más inherente a nuestras vidas como es la educación y la sanidad. Es más, vivimos en un mundo, donde en nombre de la salud económica se saltan a la torera nuestra determinación como ciudadanos –Creo que todos sabemos a qué me refiero- Es difícil no pensar que este mundo no tiene una gran crisis de valores, un déficit humanitario grave si en vez de preferir aquello que en la constitución se muestra como indispensable se prefiere el dinero. El problema viene de base, del planteamiento mismo de nuestra sociedad, del capitalismo en sí, del siglo XIX y de su posterior avance durante el siglo XX y la inauguración de la sociedad del bienestar tras el 45.

A finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX la burguesía cada vez va tomando un papel más prominente en la historia, en plena revolución industrial y social es esta clase la que toma las riendas de Europa en pos del avance, si bien, hablar de una revolución burguesa es en sí un oxímoron, es decir, una contradicción terminológica dado que la burguesía siempre busca lo contrario a la revolución, busca estabilidad. Es con la búsqueda de esta estabilidad con la cual el burgués llega al poder. Después se desencadenan los acontecimientos, poco a poco los países se van subyugando a las exigencias del mercado y así nace el imperialismo, la necesidad de los mismos países para ir cumpliendo esas exigencias poco a poco. Materias primas, territorios y demás se consiguieron en esta época, pero también se consiguió la degradación del género humano como tal. Esclavitud, sometimiento de los pueblos no europeos, la explotación de los recursos autóctonos, etc. Sin duda el siglo XIX fue un siglo en el cual los valores humanos que tanto defendían los pensadores cayeron hasta tal punto que ni siquiera los países eran capaces de ocuparse de sus propios ciudadanos, los burgueses, aquellos que se habían levantado en contra de la tiranía del antiguo régimen para conseguir poderes políticos con el fin de hacer un mundo mejor ahora sólo volvían a inquirir en los mismos crímenes que los reyes y los nobles habían cometido durante el último milenio. La sociedad se separó entonces en clases, una clase burguesa, alta o acomodada y el proletariado. Sería desde el proletariado como propondría Marx de donde se había de llevar a cabo una revolución.

La consecuencia inmediata del imperialismo, de esta fase de la historia y de la sobreproducción y las tensiones diplomáticas generadas en durante el último tercio del siglo XIX suscitarían en 1914 la primera guerra mundial. La primera gran guerra y más allá, la primera vez donde se cuentan los muertos por millares, al finalizar esta guerra, las pérdidas se contarán por miles de millones y Europa se verá arruinada. Rusia por su parte se verá sumida en una cruenta guerra civil de la cual nacerá el régimen comunista que poco a poco irá degradándose con el paso del siglo hasta que finalmente decaiga en el 1989 con la caída del muro y la Perestroika. Estados unidos tomará las riendas de occidentes sustituyendo así a las potencias tradicionales como Francia o Inglaterra (Reino Unido). De este modo Europa se interna en una época de profundos cambios sociales, surgen nuevos pensamientos filosóficos (el existencialismo por ejemplo, con pensadores como Jean-Paul Sartre) y sobre todo, surgen nuevas formas de entender el arte y de ver la vida. La precariedad económica marca esta nueva época, aunque poco a poco los países van solventando sus problemas el mazazo vendrá cuando en 1929 con el famoso martes negro la bolsa de New York se desplome arrastrando al resto del mundo en su caída, esto, junto al rencor acumulado por los costes de la guerra impuestos a los perdedores de esta y al ascenso del fascismo y del nazismo propiciarían en 1939 el advenimiento de la segunda guerra mundial, donde a parte de las pérdidas humanas en batalla se produjo el holocausto y la ejecución de más de seis millones de judíos, polacos y otras etnias tomadas por inferiores en la visión de la ideología Nazi. Tras la guerra, comienza una renovación del espíritu democrático y a su vez comienza la lucha contra el comunismo, será así, como pasarán los treinta magníficos, los treinta años dorados que vivirá la recién inaugurada (entonces) sociedad del bienestar. Su primera prueba de fuego vendrá con la crisis del petróleo en la década de los ochenta, la segunda gran recesión sufrida por parte de los mercados y que marcarán el comiendo de lo que hoy por hoy estamos viviendo. Con renovadas fuerzas el capitalismo emprenderá la década de los 90 y el fin del milenio, sin embargo, en 2008 sucederá el fin de un nuevo ciclo económico haciéndonos caer en la actual recesión que hoy por hoy vivimos.

Sin embargo, aun estando el diapasón de la economía presente, debemos tener en cuenta que la actual crisis no es tan sólo una caída de la economía propiciada por el mercado o los métodos más o menos acertados que los gobiernos han ido tomando. No. Vivimos una época de decadencia del pensamiento y de las artes que van socavando a pasos agigantados nuestra forma de ver las cosas. Hoy la llamada sociedad de la información vive, sin embargo, más desinformada que nunca; los bombardeos continuos con información basura llena nuestra mente y nos hace estériles ante la opinión propia. Los ciudadanos somos esclavos de nuestras propias formas, nos hemos acomodado en nuestra propia decadencia y dejamos que se extienda sin preocuparnos de qué es lo que pasa a nuestro alrededor. La actual crisis ha calado tan hondo que hoy por hoy nuestro pensamiento es una amalgama amasada de todo y de nada, nos meten toda la información pasada por filtros políticos y no sabemos ya distinguir lo real de lo irreal y no sólo eso.

Resulta que hace menos de un mes que han cambiado la constitución, nuestra constitución, la de los ciudadanos españoles, aquella que conseguimos durante la transición con sangre, sudor y lágrimas, ésa misma constitución la han cogido y la han cambiado sin más consulta que el pobre apoyo del voto de la mayoría del congreso, resumido en los votos de los partidos beneficiarios y reformadores. Acaban de violar nuestras propias libertades y nosotros nos hemos dejado violar.

Pero ahí ni acaba la cosa. Ahora resulta que en la comunidad de Madrid, su presidenta pretende hacer cambios drásticos en la educación y los ha hecho ya en la sanidad (recordemos que hace cosa de un año escaso privatizó la administración de los hospitales) resulta que, aparte de querer trastocar el ya de por si defectuoso sistema educativo quiere empeorarlo más y lo que va más allá, atentando contra nuestros derechos naturales (derecho a la educación, libertad de expresión, etc. Que no están recogidos únicamente en la constitución sino que además son derechos fundamentales del hombre) Y sin embargo nosotros a penas nos hemos movilizado y hemos armado ruido. Me pregunto, pues, ahora ¿dónde queda el sentido de ciudadano? ¿Si los ciudadanos se han convertido en ratones se puede hablar de soberanía nacional?¿se puede hablar de Estado de Derecho? Me pregunto también, si la economía ha suscitado todos los hechos narrados antes y el fin de recaudar dinero atento contra nuestras propias libertades… Me pregunto, os pregunto ¿hasta qué punto es ético volver al dinero un fin? Dado que ahora parece que conseguir liquidez, estabilidad y riqueza parece ser más importante que algunos de nuestros más básicos derechos hasta tal punto de con la torpe excusa de que la economía se recupere parece ser lícito pasarse por alto nuestra opinión como ciudadanos y nuestras libertades. ¿Hasta qué punto es necesario y moral convertir a un medio en un fin? Dejo la pregunta en el aire. Contéstenla ustedes.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La muerte de la democracia

Pido a todo aquél que lea este artículo que calle durante un minuto para presentar sus respetos a la muerte de algo muy importante que nos abandona hoy.

Hoy, viernes dos de septiembre del dos mil once muere la democracia española. Muere a manos de políticos que más bien son asesinos de libertades. Muere a manos del poder.

En realidad no son los culpables del todo de que esto suceda. Los culpables somos nosotros. Nuestra pasividad y nuestro pasotismo. Nos merecemos lo que tenemos. Somos los hijos de nuestro pasado y ése pasado se vuelve a repetir como un ciclo. Hay de nuevo una dictadura. Una dictadura que es encubierta pero dictadura al fin y al cabo. Aunque en sí no existe una dictadura, existen muchas, una por comunidad.

Es una pena ver morir un sueño bonito de esta manera tan desagradable, desgarrado por los que se supone más tendrían que defenderlo y permitido por quienes más deberían amarlo. Hoy se vota la ley por la cual el límite de gasto de las comunidades que reducido a ochocientos millones. Este método que pone en peligro el estado del bienestar y las leyes de J. M. Keyness introduce en nuestro país la estética de la economía neoliberal que los conservadores tanto gustan de defender.

No es en sí la ley lo que va a dar la puntilla a nuestras libertades, no es que se vaya a quebrar el Estado del Bienestar, no. Es el cómo y no el qué. PP y PSOE han pactado abiertamente el aprobar la ley que reforma nuestra constitución, sin embargo, en vez de refrendar la ley por medio de la votación popular han decidido saltarse todo ése método por considerarlo ‘’innecesario’’ privándonos de ésta manera de nuestra capacidad de elección, de nuestro derecho al voto y a decidir sobre un bien común. La Constitución española.

A parte de eso han decidido los dos partidos mayoritarios que la opinión del resto de partidos no cuenta o al menos no cuenta fuera de las urnas. Es decir, no han dejado ningún derecho a réplica por parte del resto de la clase política lo cual demuestra un gran desprecio hasta por sus propios compañeros.

La ley hoy será votada y vencerá por mayoría amplia. Sólo con los votos de PP y PSOE ya es suficiente. Sin embargo esta ley, que es una aberración desde la función hasta las maneras no debería salir adelante. No debería por los graves desmanes cometidos por nuestros ‘’representantes’’ (y cada día los de menos gente) no debería porque supone colgar una soga al cuello de todos los españoles y no debería por la sencilla razón de que de este modo se demuestra abiertamente que en España no hay una democracia real si no una democracia ficticia y demagógica. Una dictadura si así lo prefiere. Francisco Franco la llamaba Democracia Orgánica. Yo prefiero llamarla falacia ad civitatem (hacia el ciudadano) ya que es al ciudadano a quien se le miente y engaña en masa.

Lo peor de todo este asunto, fuera de la plana política ya no es que se haya despreciado la opinión del ciudadano. Lo peor es que los ciudadanos nos hemos condenado a nosotros mismos. En vez de salir a tomar la calle, a protestar y a luchar contra aquellos que nos desprecian hemos tomado la vía más fácil y simple de todas. Oír, ver y callar. Y así, queridos compatriotas nacidos o no en la península nos va en la varea. Si seguimos de esta guisa seguirán pisándonos el cuello porque puede, por el simple hecho del poder. Seguirán y seguirán desangrándonos poco a poco porque al fin y al cabo ellos son los que mandan. Porque al fin y al cabo ellos son los que deciden. Porque al final de todo el asunto ellos son a quienes hemos elegido y eso les da poder para cualquier cosa.

Vivimos a la sombra de Europa gracias a ésos elegidos nuestros, vivimos a órdenes de Alemania, Francia e Inglaterra y bailamos al son que nos mandan porque sí. Vivimos atados de pies y manos cada día más por la clase política que mucho a mucho va limando nuestras libertades y nuestra calidad de vida.

Pero reitero querido lector. La culpa no es suya, es nuestra. La culpa es de nuestro pasotismo y desgana y si así siguen las cosas el futuro que nos espera va a ser negro. Como dicen en cierto libro ciertos personajes. Se acerca el invierno.

miércoles, 1 de junio de 2011

Sobre la filosofía y el conocimiento humano

Sobre la filosofía y el conocimiento humano

Partamos, pues, de un hecho: conocemos; sigamos con el discurrir hasta hallar el siguiente punto de nuestra disertación (de nuestra teoría si lo prefieren así): Avanzamos; formulemos ahora una premisa: Porque conocemos avanzamos o ya que conocemos avanzamos. Con este axioma ahora podemos levantar una pequeña hipótesis: En tanto que el ser humano conoce, avanza, en cuanto que avanza evoluciona; aunque ahora no posee la técnica ni el conocimiento para, por ejemplo, realizar un viaje en el tiempo no quiere decir que en un futuro no lo vaya a tener o conocer, por tanto, hipotéticamente, el ser humano podría ser capaz de llegar a viajar al pasado o al futuro.

Una vez levantada esta hipótesis podemos racionalizarla con algunos argumentos y contrastarla con otros: Hace quinientos años, por ejemplo, se creía que la Tierra era el centro de la existencia, por tanto, ahora, en cuanto a viajes en el tiempo se refiere podríamos estar tan equivocados como entonces en cuanto a la localización del planeta llamado Tierra. Nuestro discurrir en este momento se acaba de cargar – Sí, he dicho cargar, han leído bien- toda la astrofísica no teórica actual. ¡Plaf! La he borrado del mapa tan sólo con el hecho de decir que podemos estar equivocados (Es una realidad la de que el ser humano se apegue a su realidad temporal como si le fuera la vida en ello –quizás incluso sí que le va la vida en ello-)

Si no fuera porque Albert Einstein ya asentó en su día las bases para los viajes en el tiempo (Vease las leyes de la relatividad general) todos los argumentos científicos actuales se habrían visto comprometidos por un simple ejercicio dialéctico. No obstante ante mi absurda disertación primera sólo cabe decir que no pasaría del segundo filtro que tiene el conocimiento humano para conocer. La Filosofía. Mi disertación teórica sólo era el mero juego de lo absurdo para hacerles pensar en lo siguiente que expondré. Les quiero hacer pensar pues, que sin Kant, sin Hume, Newton sólo sería un triste físico más cuyas teorías, aunque completamente necesarias y actualmente indispensables para el pensamiento humano no habrían sido nunca ratificadas ni contrastadas en el sentido verdaderamente humano de la palabra. Es decir, que sin Kant no hubiera anunciado que nuestra manera de cognoscer y discurrir es totalmente espacio-temporal o Hume no hubiera afirmado antes que Kant, que el empirismo es, dicho mal y pronto, dudar extensiblemente de todo de lo que no puedes tener una experiencia, quizás, muy probablemente, la ley de la gravitación universal (cuya experiencia apócrifa nos relata cierto ilustre manzanazo) el cálculo infinitesimal, las leyes (ilustrísimas leyes) de la termodinámica y todo ese saber habrían quedado en un ostracismo cimentado por la firme mano de la desconfianza humana. Son los científicos pues quienes descubren. Eso es cierto e innegable en cierto modo. Pero son los filósofos quienes sostienen esos saberes.

Los científicos descubren algo, pero por cada científico se necesitan cuatro filósofos, uno que aplique la metafísica y el cómo ese descubrimiento puede cambiar la concepción de ser que se tiene actualmente, otro que lo englobe en una necesaria rama de la epistemología y argumente de qué manera se puede llegar a conocer, otro que lo adoctrine y lo sumerja por el inestimable filtro de la ética pensando y discurriendo sobre de qué maneras puede afectar el nuevo descubrimiento al género humano (¡Hay! Si se le hubiera dicho a Einstein que sus teorías podrían fomentar la creación de una bomba tan altamente destructiva habría bramado porque estas pasaran por un filtro ético para que no saliesen adelante por esos derroteros.) y por último otro que englobase todos esos pensamientos en uno y los hiciese funcionar como funciona la mente humana (mal, a veces)

La importancia de la filosofía, y hablo de mi pensamiento más profundo y desde mi credo –como verán pese a algunas alusiones demostrativas aún no me he apoyado en la palabra de ningún pensador- es pensar, simplemente pensar. Como diría Aristóteles (ahora, como ven, sí) Filosofar es hacer lo propiamente humano. La virtud de la filosofía consiste en eso, su importancia radica absolutamente en el pensamiento y con ello no me refiero a un sistema de uno, dos o tres autores, no, si no que me refiero al sentido estricto de la palabra pensar; es decir, que si no se piensa, por mucho que se quiera, no se avanza, tan sólo se estanca uno en una idea que más que ideas es nada y allí se queda. De esto llego a concluir que lo verdaderamente humano no es tan sólo pensar, sino que también lo es avanzar pues se avanza en cualquier campo en tanto en cuanto se piensa, estudia o medita sobre él. Ahí va por tanto una paradoja para todos los estatistas griegos presocráticos (y postsocráticos debido a que el termino pre necesariamente connota temporalidad y algunos también fueron posteriores temporalmente) ¿Si todos aquellos filósofos que decían que no había movimiento en el mundo como es que ellos avanzaban cada vez que pensaban en sus propias teorías y llegaban a discernir de ese modo sus propios sistemas? Es una paradoja puesto que defendían lo estático y sin embargo ellos tenían implícito el movimiento sobre ellos mimos. Quizás, es que, ese tal Nous que Anaxágoras dibujó y que después Aristóteles rescató como motor inmóvil causa incausada de todo seamos nosotros mismos, los humanos y nuestros propios pensamientos en tanto en cuanto movemos la realidad que nos rodea conforme a nuestras ideas.

Dejando de lado los paradigmas metafísicos volvamos a lo que nos ocupa y veamoslo desde otro punto de vista, cambiemos la perspectiva y analicémoslo desde un ámbito político-social ¿qué es la filosofía para la sociedad? Ya hemos visto su importancia epistemológica y metafísica, pero a la hora de aplicarla socialmente ¿qué importancia tiene? Un sociólogo orgulloso de sí mismo (Y de su circunstancia de ‘’experto’’) diría que ninguno, que todo cambio se debe a que la realidad se mueve en torno a ciclos que hacen que los modos el pensamiento y la política vayan cambiando conforme a que la historia avanza y los hechos suceden de otra forma. Esta es una hipótesis cualquiera de un sociólogo hipotético (¿Por qué no? La mayoría de las ciencias sociales sólo son capaces de ver ciclos por todos lados, a pesar de que sea un pseudo-sociólogo, entiéndase la palabra pseudo como falso en este caso, podría ser la respuesta real de cualquier experto en la materia que despreciase la filosofía) a la que yo respondería parafraseando a Unamuno y le diría de esta forma: ‘’Quae adeo absurda sunt, ut vix recenseri mereantur’’, lo que viene a ser: ‘Todo lo cual es tan absurdo que ni merece ser refutado’’. Ya que estamos hablando de la filosofía diré que hay dos épocas donde se aprecia a la perfección como afecta el pensamiento de un autor a todos sus contemporáneos (y ya no tan contemporáneos). Una es la época clásica donde los primero filósofos occidentales echaron raíces y se asentaron y su pensamiento, estoico, epicúreo, hedonista, aristotélico, platonista, sofista, socrático, etc. Marcó la forma de pensar en cuanto al género humano durante casi dos mil años a los hombres. (Y digo dos mil basándome en que el pensamiento del siglo IV a.C de Aristóteles llegó hasta el siglo XV de nuestra era vigente y fomentado por la Iglesia) La otra gran época es, y que aún hoy se mantiene, la de los siglos XVII, XVIII y XIX donde Rousseau, Voltaire y Montesquieu sentaron las bases de la democracia; Kant nos legó la deontología; Marx, Kropotkin, Malatesta, Bakunin, Engels, entre otros nos legaron la lucha social y política, la revolución contra el poderoso y el espíritu de inconformismo que después embargaría al siglo XX y que ahora a principios del XXI comienza a dormirse y en mi opinión ha de ser reavivado.

La importancia de la filosofía va mucho más allá de sus textos plagados de palabras inteligibles o preñados de tecnicismos, va más allá de un pensamiento, de una idea, de una palabra dicha en el momento adecuado, es mucho más simple que todo eso, la filosofía es el simple hecho de preguntarse por qué y de pensar acerca de ese por qué y su importancia radica en su simplicidad, en que cada ser humano puede llevar a cabo un tipo de pensamiento y que cada incógnita puede ser revelada por ese pensamiento, que cada nuevo avance puede ser y ha de ser argumentado conforme a un pensamiento en que el comportamiento humano se compone de ese pensamiento. En definitiva, la filosofía es importante en tanto en cuanto es real, es, mejor dicho la capacidad de cambiar la realidad de cualquier modo o punto de vista, desde una perspectiva social a una perspectiva histórica desde el más novísimo descubrimiento científico hasta la más antigua civilización se necesita pues de alguien que piense más allá de todo lo meramente práctico, se necesita de alguien quien desmonte el conocimiento y lo analice parte a parte y exponga ante todos la verdad, su verdad y esa persona necesita de alguien que le contradiga pues, sólo por la controversia entre las ideas, solamente por la contradicción entre las mismas el género humano avanza a pasos de gigante.

Ahora, perdónenme toda esta entropía y este fango mental que les he dejado leer, es simplemente mi opinión personal de lo que significa la filosofía, simplemente espero no haber incurrido en ningún tipo de error ni haberme tomado demasiadas confianzas o haber sido demasiado efusivo, pero es de este modo como vivo la filosofía, como una pasión y por ello tiendo a explicarme y extenderme con tanta fuerza cuando se me insta a hacer un texto de estas características.

viernes, 27 de mayo de 2011

Vencerán pero no convenceran

INDIGNACIÓN es lo que siento hoy al ver las noticias, bajo el amparo legal han cargado contra una manifestación pacífica en el centro de Barcelona. INDIGNACIÓN por este gobierno que dice ocuparse de nuestras necesidades y sólo nos administra intransigencia, y con gobierno no me refiero al gobierno central, me refiero al gobierno de todas las regiones, independientemente del partido político, independientemente de su ideología, independientemente de todo ello consterna ver cómo cuando la clase política no sabe cómo actuar, no sabe qué hacer, como tira de las medidas fascistas que tanto ellos critican. Cargas policiales, intransigencia, coacción, amenazas y todo ello para mantener un sistema corrupto y lleno de bilis donde sólo unos cuantos tienen derecho a vivir bien, cómodos y a ser tratados como verdaderos humanos, muy distinto de cómo nos tratan a nosotros. A las personas que, para nuestra desgracia, sólo importamos para ellos cuando las urnas toman la portada del periódico y la importancia en el día.

Este sistema que defiende el gobierno, la clase política, es el sistema de la injusticia y la dictadura anticonstitucional y pro-institucional. Me explico. Según la constitución tenemos derecho a la expresión, a la huelga y a la manifestación pública. Hoy los policías, a órdenes, claro, han roto con esos derechos, con nuestros privilegios. Sus turbias maneras se han saldado con heridos en Barcelona, en una concentración pacífica por un motivo noble como es el cambio de este sistema injusto y descarado.

Me gustaría dar algunos datos para que midamos la necesidad de la manifestación y para que seamos conscientes de que estos hechos han sido premeditados. Recortes a la clase popular, recortes en sanidad, sueldos, bienestar público; recortes en educación, recorte de derechos en cuanto a las descargas de internet, recortes y tantos recortes que nos hacen hasta cortes de manga. Ahora analicemos los datos de gastos. 45. 000 millones de euros gastados en el senado, un órgano cuyas decisiones son refutadas por el congreso cada dos por tres y que no tiene ninguna validez política mas que mantener a 300 senadores, 300, con sueldos superiores a los 3000 euros. 45.000 millones de euros en mantener embajadores, coches oficiales, viajes en primera clase, eurodiputados, tarjetas oficiales de crédito (es decir, con el dinero del estado) y sueldos de alcaldes quienes tienen derechos a regular su propia compensación. Además de esos 90.000 millones de euros debemos sumarle los miles de millones que los datos sumergidos no nos dejan ver, los miles de millones que la política corrupta nos oculta y se reparten entre unos pocos, los miles de millones que nos malversan a los 46 millones de españoles. A parte, miles de millones invertidos en la banca que han ido a parar a los bolsillos de los banqueros. Y aun así estamos en crisis, aun así tienen la desfachatez de recortarnos los derechos a nosotros, aun así tienen la caradura de decir que la crisis durará quince años más, aun así quieren mantener sus puestos de poder, sus privilegios, aun así nos seguimos dejando gobernar por estas personas, estos ladrones y en cuanto asomamos la cabeza para poder salir un poco del agujero donde nos tienen sumidos lo que hacen, lo único que se les ocurre hacer es molérnosla a palos.

Vencerán, compañeros, pero no convencerán, a mí no me convencerá el PP quien empezó la inflación de la moneda y la inflación del precio del ladrillo así como las negociaciones baldías con las bancas. A mí no me convencerá el PSOE quien en vez de luchar por agrandar las medidas sociales sólo se ha acomodado en su puesto dejando que a los españoles nos coma la vida la crisis provocada entre ambos gobiernos. Tanto monta monta tanto, el PSOE como el PP y tanto asco me dan unos como otros dado que no son capaces, no pueden, no quieren, dejar su posición de poder, dejar su situación para ocuparse de su trabajo, velar por el pueblo, trabajar para sus jefes. Democracia, Demo, pueblo, Cracia, poder. Mentira. Oligarquía en todo caso, Aristocracia, quizás. Idiosincrasia, seguro. Somos víctimas de esta dictadura mal escondida, somos víctimas de sus ambiciones y de su convicción de que encima trabajan por y para nosotros y no por y para su bolsillo. Somos las víctimas de sus mentiras y ya nos hemos hartado.

Lo del día de hoy ha sido la gota que ha colmado el vaso, que se hallan lanzado los policías contra unos manifestantes pacíficos ha sido lo que me ha demostrado a mí, lo que nos ha debido mostrar a nosotros que a la clase política, que a los gobernantes sólo les importa una cosa. El poder a costa del pueblo. Pero hoy se acaba y hasta aquí.

Compañeros no debemos bajar los brazos, debemos seguir luchando, debemos seguir resistiendo, debemos seguir firmes; no, no confundáis mis palabras, no digo de tomar las armas o hacer acciones violentas, tenemos una mejor arma y más dañina que todas las pistolas y los rifles, tenemos el conocimiento, tenemos la convicción y sobre todo, tenemos las ganas de que esta situación termine, tenemos la determinación de que podemos cambiar esto y sobre todo, tenemos el poder porque somos EL PUEBLO. Democracia quiere decir poder del pueblo y es ahora cuando debemos ejercerlo. A sí que compañeros, sigamos luchando porque esta gentuza no nos mine más el futuro. VENCERÁN PERO NO CONVENCERÁN.